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"De otro mundo"

Por Nicholas Foulkes

Nicholas Foulkes ha escrito en un momento u otro para la mayoría de los periódicos nacionales de Gran Bretaña en los últimos 25 años. Es editor colaborador de Vanity Fair, FT How to Spend It, y The Rake. También es columnista en Country Life y corresponsal internacional de arte en Newsweek.

No solo es un reloj de pulsera; también es una delgada lámina de eternidad controlada, un reloj de oro de otro mundo y un testigo silencioso de un viaje a través del universo que culminó abruptamente cuando una roca que recorría el espacio a toda velocidad atravesó nuestra atmósfera en medio de un destello de luz y calor ardiente que derritió su superficie y se enterró en la corteza terrestre hace miles de millones de años.

Sin embargo, el final violento de este viaje interplanetario ha dado lugar a la belleza reluciente de los relojes ultraplanos de oro rosa con esfera de meteorito, revelada por el experto lapidario. Los misteriosos patrones que surgen de estas rocas espaciales, aleatorios y geométricos a la vez, son extrañamente cautivadores o incluso hipnóticos, como enigmáticos mensajes procedentes de las estrellas que tal vez nunca logremos comprender.

Es probable que al caer del cielo el meteorito tenga el aspecto de una roca. De hecho, la gran mayoría (por lo menos un 95 %) de los meteoritos que llegan a la Tierra son precisamente eso, rocas. Sin embargo, se trata de las rocas más antiguas que existen. Algunos tienen miles de millones de años y son cientos de millones de años más antiguos que cualquier roca originaria de nuestro relativamente joven planeta. 

Nicholas Foulkes luce un reloj ultraplano de oro rosa para hombre
Nicholas Foulkes luce un reloj ultraplano Piaget Altiplano con esfera de meteorito

Algunos meteoritos son visitantes procedentes de la Luna, nuestra vecina cercana, mientras que otros tienen su origen en Marte. A veces se trata de fragmentos de estrellas que han explotado, pero la mayoría proceden del cinturón de asteroides. Los meteoritos son muy apreciados por los científicos, quienes los consideran instantáneas del pasado, naves espaciales naturales o recipientes que contienen materiales que han permanecido inalterados desde los orígenes de nuestro sistema solar: una especie de botella extraterrestre con un mensaje de los primeros destellos crepusculares anteriores a los albores del tiempo.


Carlsbergita, allabogdanita, camacita, antitaenita, brianita, daubreelita, haxonita, roaldita, merrillita, krotita, panethita, sinoita y xifengita, entre otros, son los enigmáticos elementos presentes en los meteoritos. Algunos de ellos son tan únicos que solo se han hallado en un meteorito entre todos los que han alcanzado la Tierra. Sus extraños nombres evocan las películas y los cómics de ciencia ficción, y hasta nos sorprende un poco no encontrar la kryptonita en esta lista de minerales extraterrestres.

Reloj ultraplano Altiplano Meteorite de oro rosa

Uno de los mejores lugares para apreciar la inmensa e increíble variedad de objetos que llegan a la Tierra es la galería de meteoritos del Museo de Historia Natural de Londres, un espléndido y amplio espacio de estilo victoriano con techo alto, iluminado por la luz que entra a través de las enormes ventanas. La pieza más impresionante es un fragmento de meteorito de 635 kilos encontrado en Argentina en 1788, un objeto enorme semejante a un yunque que cautiva la mirada del visitante y emite un sonido metálico al ser golpeado.


Pero no todos los ejemplares que posee el Museo de Historia Natural son tan impactantes (nunca mejor dicho). Algunos parecen pequeños trozos de carbón, como por ejemplo el meteorito Ivuna. Pero a pesar de su tamaño, se trata del fragmento de Ivuna más grande perteneciente a una colección pública. Esta pequeña roca se conserva en una atmósfera de nitrógeno para preservarla. Su estructura elemental es similar a la del Sol y el museo afirma que "contiene un registro sorprendentemente impoluto de los bloques que conforman el sistema solar". Se trata de una verdadera cápsula del tiempo con 4600 millones de años de antigüedad.


Lucir un reloj ultraplano con esfera de meteorito es como lucir un fragmento de meteorito en la muñeca y poder llevárselo a casa. Sin embargo, entre el meteorito que adorna la muñeca y los meteoritos que se exhiben en el museo existe todo un universo de savoir-faire.

A pesar de la abundancia de minerales que caen del cielo, solo una pequeña proporción (aproximadamente un cuatro por ciento) contiene la cantidad suficiente de hierro necesaria para continuar su viaje a través del tiempo y el espacio hasta convertirse en un reloj de lujo. Las rocas que forman este mágico cuatro por ciento suelen ser encontradas en los lugares más inaccesibles e inhóspitos del planeta, como el desierto del Sáhara, la llanura de Nullarbor en Australia o los paisajes helados de Antártida, lo que refuerza su aire de curiosidad y aventura. 

Nicholas Foulkes luce un reloj ultraplano Altiplano Meteorite con correa de piel de aligátor

Estos ambientes inhóspitos para el hombre son perfectos para la preservación de los meteoritos ferrosos, ya que el efecto de millones de años de lluvia en entornos más acogedores habría ocasionado su deterioro. En ausencia de las perturbaciones características de las regiones llenas de vida del planeta, reposan intactos a través de los años en su estado mineral bruto, esperando ser despertados, trabajados y transformados en objetos de una extraordinaria belleza.


Los meteoritos ferrosos nos permiten descubrir el Universo a través de la mirada de un artista. Su discreta capa exterior esconde un extraño patrón reluciente que evoca las obras de los pintores vorticistas. Una vez cortados, pulidos y tratados con ácido, revelan el anhelado patrón lineal. El sorprendente efecto visual creado por la acumulación tridimensional de bandas de cristales de hierro-níquel entrelazadas (conocidas como lamelas o laminillas) recibe el nombre de estructura de Widmanstätten. Su belleza radica en que no existen dos patrones iguales, cada uno es tan único como una huella dactilar.


El reloj ultraplano Altiplano para hombre es el marco perfecto para esta obra de arte de origen natural, un tributo atemporal a las audaces piezas de Piaget de los años 60 y 70 equipadas con esferas de piedras exóticas que transformaron los relojes de lujo elegantes y sumamente delgados en explosiones de color.


Pero solo un reloj de oro blanco u oro rosa con esfera de meteorito permite descubrir la exquisita ironía que supone observar el paso de las horas y los minutos sobre un fondo de eternidad cuyo delicado patrón en forma de celosía nos invita a imaginar que en su interior se ocultan los secretos del universo.

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